Guía para el otoño: cómo funciona el sistema inmunitario y cómo cuidarlo en la enfermedad celiaca
Con la llegada del otoño, la bajada de las temperaturas y la vuelta a la rutina en espacios cerrados, los virus y bacterias estacionales hacen su aparición. Para la comunidad celiaca preparar las defensas en esta época del año requiere una atención especial: no solo se trata de evitar resfriados, sino de mantener la salud intestinal en un estado óptimo para que nuestro ejército defensivo trabaje a pleno rendimiento.
¿Cómo funciona el sistema inmunitario? Una mirada rápida
El sistema inmunitario es la red de defensa del cuerpo diseñada para identificar lo propio, detectar invasores externos y eliminarlos. Funciona principalmente en tres niveles:
- Las Barreras (La Muralla). Primera línea de defensa física y química (piel, mucosas y, muy especialmente, la pared de nuestro intestino).
- La Inmunidad Innata (Respuesta Rápida). Células defensivas que actúan en minutos de forma generalizada contra cualquier invasor extraño, provocando la inflamación para acorralar la amenaza.
- La Inmunidad Adaptativa (Fuerzas Especiales). Una respuesta más lenta, pero de alta precisión mediante linfocitos T (que destruyen células infectadas) y linfocitos B (que producen anticuerpos específicos). Tras la batalla, el sistema conserva memoria inmunitaria para actuar rápidamente si el patógeno vuelve a atacar.
El intestino y la enfermedad celiaca: ¿Qué ocurre exactamente?
Cerca del 70 % de las células inmunitarias de todo el organismo residen en el tubo digestivo. El intestino actúa como la frontera clave entre lo que ingerimos y nuestro torrente sanguíneo.
En las personas con enfermedad celiaca, el sistema inmunitario comete un error de identificación: al ingerir gluten, la respuesta adaptativa lo detecta erróneamente como una amenaza grave y activa anticuerpos contra las propias estructuras del cuerpo. Esta respuesta inflamatoria desencadena la atrofia de las vellosidades intestinales, lo que aplanará la superficie encargada de absorber los nutrientes y debilitará la barrera protectora natural.
Claves para fortalecer las defensas en otoño
Recordatorio fundamental: cualquier modificación en la dieta, sospecha de déficit o inicio de suplementación debe realizarse siempre bajo la estricta supervisión médica y nutricional.
1. El pilar insustituible: dieta sin gluten estricta
No existe ningún suplemento que reemplace el impacto de eliminar el gluten al 100 %. Evitar las transgresiones accidentales previene la inflamación y permite que las vellosidades se recuperen, asegurando que la primera línea defensiva del cuerpo esté intacta.
2. Nutrientes clave
Ciertos micronutrientes son indispensables para el funcionamiento adecuado de las células inmunes.
- Vitamina D. Regula la inmunidad adaptativa e innata. Al disminuir las horas de sol en otoño, es clave vigilar sus niveles. Fuentes de vitamina D: pescados grasos, huevo y lácteos o bebidas fortificadas sin gluten.
- Zinc y Selenio. Protegen a las células del daño oxidativo. Presentes en legumbres, semillas de calabaza, frutos secos y carnes magras.
- Vitamina C y Vitamina A. Mantienen la salud de las mucosas defensivas. Presentes en cítricos, granadas, caquis, calabaza y zanahorias.
3. Cuidado de la microbiota
La microbiota educa al sistema inmune y frena patógenos externos.
- Fibra prebiótica: incluye legumbres, hortalizas de raíz, manzanas y plátanos para dar soporte a las bacterias beneficiosas.
- Probióticos: los alimentos fermentados (como yogur o kéfir sin gluten) favorecen la diversidad microbiana. Si se plantea un suplemento comercial, debe ser prescrito por tu médico, garantizando cepas adecuadas y la ausencia total de trazas de gluten.
4. Corrección de carencias digestivas
Si estás en fases iniciales del diagnóstico o en periodo de recuperación, podrías presentar niveles bajos de hierro, folato o vitamina B12.
5. Hábitos de vida saludables
- Descanso adecuado. Mantener entre 7 y 8 horas de sueño permite liberar las citocinas (pequeñas proteínas que regulan la respuesta inmunitaria y la inflamación) necesarias para responder a las infecciones.
- Gestión del estrés. El estrés crónico incrementa el cortisol, alterando la permeabilidad intestinal y reduciendo la eficacia defensiva.
- Ejercicio físico regular. Estimula la circulación de las células inmunitarias por el cuerpo.
Conclusión
Afrontar el otoño con salud implica combinar el máximo rigor en la dieta sin gluten con una nutrición balanceada, hábitos saludables y, por encima de todo, el acompañamiento y la supervisión de profesionales de la salud.
Autora: Tamara Parra. Departamento de Seguridad Alimentaria de FACE.
Fuente: FACE


